25/08/2026, 11:46

Jugar, crear y crecer: Natalia Gronda reflexiona sobre los juguetes, el juego y las emociones

Natalia Gronda, docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán, reflexionó sobre el lugar que ocupan los juguetes y el juego en las experiencias emocionales de las infancias y en los procesos de crecimiento.

A partir de películas como Toy Story, Gronda propone pensar cómo determinadas experiencias emocionales atraviesan generaciones y adquieren nuevos significados a medida que crecemos. Las historias de Andy y sus juguetes permiten identificarnos con diferentes personajes y acercarnos a experiencias vinculadas con los vínculos, los cambios y el crecimiento.

El juguete como puerta de entrada al juego

Para Gronda, hablar de juguetes implica necesariamente hablar de juego. Los niños y las niñas juegan incluso cuando no tienen juguetes: una caja, una ramita, un recipiente o cualquier objeto cotidiano puede transformarse en aquello que necesitan para crear, imaginar y construir una historia.

Por eso, al momento de elegir un juguete, resulta importante pensar en las posibilidades que este ofrece. Los objetos más llamativos, luminosos o ruidosos no necesariamente son los que generan experiencias de juego más enriquecedoras.

En cambio, aquellos juguetes que permiten al niño crear, imaginar, explorar e interactuar favorecen un juego más abierto y creativo. Muchas veces, incluso, la caja que contiene un juguete puede despertar más posibilidades de juego que el propio objeto.

“Hay que pensar cuando elegimos los juguetes para los niños y las niñas que ese juguete sirva para enriquecer el juego”, señala Gronda.

Cuando un juguete se convierte en un objeto significativo

La docente e investigadora también destaca que algunos objetos adquieren un significado emocional particular para cada niño. Puede tratarse de un peluche, un muñeco o incluso de un objeto cotidiano al que los adultos no le atribuirían inicialmente un valor especial.

Es el propio niño quien construye ese vínculo y le otorga una carga emocional. Ese objeto puede acompañarlo, brindarle seguridad y continuidad emocional, y estar asociado a experiencias o figuras significativas de su entorno.

En este sentido, Gronda recupera el concepto de objeto transicional, desarrollado por el psicoanalista Donald Winnicott, para pensar aquellos objetos que acompañan al niño en el tránsito desde momentos de mayor dependencia emocional hacia otros de mayor autonomía.

Jugar, imaginar y crecer

El juego constituye así una experiencia fundamental durante la infancia. A través de él, los niños y las niñas pueden crear, imaginar, explorar, expresar emociones y construir diferentes formas de relacionarse con el mundo.

La reflexión de Natalia Gronda invita a mirar los juguetes más allá de su apariencia o de aquello que pueden hacer por sí mismos y a preguntarnos cuánto espacio dejan para la imaginación y la creatividad infantil.

Porque, en definitiva, el valor de un juguete no está solamente en el objeto, sino en las posibilidades que ofrece para que cada niño pueda crear su propia experiencia de juego y acompañar, a través de ella, su proceso de crecimiento.

Entrevista: https://www.instagram.com/p/DcdwYeyC-_1/

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