En un contexto social donde episodios recientes vuelven a poner en agenda la relación entre violencia y adolescencia, la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán acompaña la producción de conocimiento y el debate público con una perspectiva rigurosa y comprometida.
En este marco, la Lic. Valeria Caballero, docente de esta Facultad e integrante de equipos de investigación vinculados al estudio del desarrollo infanto-juvenil, participó de una nota periodística en la que aportó claves fundamentales para comprender estos fenómenos sin caer en simplificaciones ni lecturas estigmatizantes.
Lejos de asociar de manera directa adolescencia con patología, la especialista propone distinguir conceptos que suelen confundirse en el debate público: la agresividad como una capacidad humana necesaria para poner límites y afirmarse; la agresión como una conducta dirigida hacia otro; y la violencia como el ejercicio de una fuerza excesiva que busca dañar. Esta diferenciación no es menor: permite orientar intervenciones más justas y eficaces.
A partir del análisis de situaciones recientes ocurridas en el país, la Lic. Caballero subraya que estos hechos no deben entenderse como casos aislados, sino como expresiones de problemáticas complejas que involucran múltiples dimensiones: la familia, la escuela, las condiciones sociales y, especialmente, los modos de comunicación y escucha.
Desde su experiencia en investigación y en el sistema de salud, la docente destaca el papel central de las habilidades sociales, entendidas como aprendizajes que posibilitan vínculos respetuosos y satisfactorios. En este sentido, remarca que dichas habilidades pueden enseñarse, fortalecerse y también reconfigurarse a través de intervenciones específicas, lo que abre un horizonte de trabajo preventivo.
Asimismo, pone en valor el rol de la escuela y de las políticas públicas en la promoción de espacios de mediación, acompañamiento y desarrollo socioemocional, al tiempo que enfatiza la necesidad de un abordaje intersectorial entre Salud y Educación.
Otro aspecto clave señalado en la nota es la importancia del entorno familiar y del aprendizaje por observación. Las formas en que se resuelven los conflictos en los espacios cotidianos constituyen modelos que los adolescentes incorporan y reproducen, lo que refuerza la responsabilidad colectiva en la construcción de vínculos saludables.
Finalmente, la Lic. Caballero invita a no reducir estos fenómenos a etiquetas diagnósticas ni respuestas punitivas, sino a promover una escucha activa que permita comprender las trayectorias y contextos de cada adolescente. En este sentido, las habilidades sociales asertivas se presentan como una herramienta central en la prevención en salud mental.
Desde la Facultad de Psicología, celebramos y acompañamos este tipo de producciones que contribuyen a complejizar la mirada sobre problemáticas sensibles, reafirmando nuestro compromiso con una formación académica, científica y ética orientada a la transformación social.